Una vez finalizada la crisis que llevó a la desaparición de
algunas empresas que actuaban únicamente en Internet, la Red se ha configurado
como un instrumento comercial de gran valor para las empresas de menor
dimensión, y en especial, para los pequeños distribuidores. Y es que, de una
parte, los costes de establecimiento de los sistemas de venta en línea son
inferiores a los que supone la apertura de un establecimiento comercial
convencional.
Además la ausencia de establecimientos físicos y la automatización
de determinadas funciones de presentación y ventas permiten operar con costes
relativamente menores. Por otra parte, permite ofrecer a la clientela altas
dosis de conveniencia: a través de surtidos amplios y profundos, completa
información sobre productos y nulas constricciones físicas y temporales que
afecten a la decisión de compra.
El elevado grado de interactividad de Internet proporciona
el establecimiento de comunicaciones más directas y adecuadas a las
características y comportamientos individuales de los clientes. Y la
conectividad que permite su naturaleza abierta y global, da acceso a un espacio
de alcance mundial donde las pequeñas empresas pueden comercializar sus
productos y servicios.
Pese a estas ventajas, sin embargo, todavía son muchas
las pequeñas empresas que no utilizan Internet como canal de ventas. De hecho,
en muchos países la proporción de pequeñas empresas que ha implantado fórmulas
de venta en línea acostumbra a ser notablemente inferior de la proporción que
se registra entre las empresas de mayor dimensión1 . De modo análogo, el grado
de implantación de la venta en línea es también notablemente inferior entre las
empresas de menor dimensión.
Esta constatación pone de relieve la importancia de estudiar
el proceso de implantación de un canal de distribución del que se derivan
considerables ventajas competitivas para este conjunto de empresas que, pese a
su dimensión, contribuyen de modo decisivo al crecimiento y al empleo de las
economías, no tan sólo en los países desarrollados sino también en los países
en vías de desarrollo.
La implantación de los sistemas de venta en línea entre
los pequeños distribuidores se fundamenta en el análisis de los procesos de
difusión y adopción de innovaciones. Ello permite abordar la relación entre las
características de los potenciales adoptadores y de su entorno competitivo, con
el momento y la intensidad con que se implantan.
De acuerdo con el análisis, el grado de implantación de la
venta en línea entre las pequeñas empresas distribuidoras influye tanto en
aspectos concernientes a su entorno competitivo, como en algunos aspectos
internos, propios de cada firma. Entre estos últimos no figurarían, sin
embargo, los aspectos relativos a su estructura organizativa ni los que se
refieren al personal directivo pues, a diferencia de como se había previsto, el
grado de complejidad de la estructura organizativa y el nivel de educación de
sus directivos no influyen de modo significativo en el grado de implantación de
la venta en línea. Se detecta, además, una relación negativa entre la
complejidad estratégica del distribuidor y el grado de implantación de la venta
en línea.
Las pequeñas empresas más orientadas a la innovación en sus
productos, métodos y valores organizativos, son las más preocupadas por
implantar la venta en línea y, dado que están mejor dispuestas para ejecutar
los frecuentes cambios que requiere un mercado tan dinámico e inestable como
Internet.

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