El trabajo en colaboración constituye un excelente medio
para aprovechar el potencial que representa el gran número de personas que
integra Fe y Alegría, con sus saberes, experiencias y puntos de vista. Si
además pensamos en el trabajo en colaboración remoto, añadimos la posibilidad
de conectar a los integrantes de una red de miles de personas distribuidas en
todo el continente. Pero para que ese grupo humano y virtual pueda “enlazar” y
trabajar en colaboración de manera remota, hace falta un conjunto de elementos
que posibiliten la comunicación a distancia y que le sirvan de sustrato o
soporte. Estos elementos son de orden tecnológico y cultural.
En el ámbito tecnológico tenemos que el desarrollo actual
permite que grupos de personas se conecten entre ellas para trabajar en
colaboración, no sólo porque provee acceso remoto, sino porque brinda
herramientas de organización a las redes humanas. Cuando aparecía la
telemática, a mediados de los años setenta, los franceses la defi nieron como
un matrimonio entre computadores y telecomunicaciones, lo que suponía que una
tecnología hasta aquel momento elitista cedía el paso a una actividad de masas
(Martínez y Prendes, 2003). El trabajo en red mediado por TIC supone un nuevo
modo de construcción compartida del conocimiento. Esta producción compartida
requiere resolver el acceso a la información, que cada vez está menos limitado
por cuestiones técnicas, pero se está condicionando por el conocimiento previo.
En este medio, el tiempo y el espacio cambian y las
distancias no son ya geográfi cas sino sociales, culturales, lingüísticas,
políticas, tecnológicas. Habiendo dado pasos importantes en cuanto al acceso a
estas tecnologías, Fe y Alegría busca avanzar en el aspecto cultural,
incluyendo lo organizativo del trabajo en red remoto o mediado por TIC. Estos
aspectos culturales son los mismos que posibilitan la comunicación presencial,
pero que requieren de refuerzos especiales cuando nos encontramos a distancia. A
la par que se crean “contextos virtuales” e intereses comunes, es necesario
privilegiar la organización del trabajo para lograr esa producción conjunta que
puede favorecer la gestión y la ejecución de proyectos regionales.
Además de la organización, es preciso comprender la
importancia y las implicaciones en cuanto a dedicación horaria que este tipo de
trabajo supone. Con frecuencia este tipo de trabajo se considera menos
demandante que el trabajo presencial, por lo que resulta primordial asegurar el
tiempo que requiere. Es significativo tener claro qué ganamos y qué perdemos
con la interacción remota virtual, de manera que podamos hacer el mejor uso de
estas tecnologías para nuestros propósitos. El otro elemento crucial para
promover la participación es cambiar la manera en que se considera la
dedicación de quienes integran los equipos de trabajo en colaboración.
Con frecuencia los supervisores no consideran este tipo de
trabajo como carga de esfuerzo de su personal, quienes en el contexto del
Movimiento, muchas veces toman de su tiempo personal para participar de este
trabajo. En el contexto empresarial, tanto como en el de las organizaciones no
gubernamentales, resulta útil establecer sistemas de incentivos que pueden ser
de tipo monetario o no, por ejemplo, participación en eventos, redacción de
documentos de interés comunitario, cupos en cursos en línea generados dentro
del Movimiento o de aliados. Iniciar el trabajo en colaboración supone cambios
a los que los integrantes habrán de acostumbrarse antes de ser realmente
productivos. La paciencia y el acompañamiento resultan claves mientras se
remontan esas curvas de aprendizaje y se adquieren los hábitos de trabajo que
esta modalidad requiere.

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